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CAPÍTULO XIV. Ataque a pantanos, inundaciones, bosques

Los cenagales, es decir, los pantanos intransitables que solo pueden atravesarse por unos pocos diques, presentan dificultades particulares para el ataque táctico, tal como hemos indicado al tratar de la defensa. Su anchura rara vez permite expulsar al enemigo de la orilla opuesta mediante artillería y construir un camino de un lado a otro. La consecuencia estratégica es que se procura evitar el ataque rodeándolos. Cuando el grado de civilización, como ocurre en muchas tierras bajas, es tan elevado que los medios de paso son innumerables, la resistencia del defensor sigue siendo relativamente fuerte, pero se debilita proporcionalmente de cara a una decisión absoluta y, por lo tanto, resulta totalmente inadecuada para ella. Por otra parte, si las tierras bajas (como en Holanda) se ven secundadas por inundaciones, la resistencia puede volverse absoluta y desafiar cualquier ataque. Esto se puso de manifiesto en Holanda en el año 1672, cuando, tras la conquista y ocupación de todas las fortalezas situadas fuera del perímetro de la inundación, se dispuso de 50.000 soldados franceses que —primero bajo el mando de Condé y luego de Luxemburgo— fueron incapaces de forzar la línea de inundación, a pesar de estar defendida únicamente por unos 20.000 hombres. La campaña de los prusianos en 1787, bajo las órdenes del duque de Brunswick, contra los holandeses, terminó, es verdad, de forma muy diferente, ya que dichas líneas fueron superadas entonces por una fuerza muy poco superior a la de los defensores y con pérdidas insignificantes; pero la razón de ello debe buscarse en las disensiones entre los defensores

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