era el último nudo de una floja red de combinaciones científicas pero sumamente débiles desde el punto de vista estratégico, bastante buenas para detener a un Daun o a un Lascy, pero no a un Buonaparte, el Emperador de la Revolución.
La indecisión y la turbación de los prusianos en 1806 provenían de que se mezclaban puntos de vista y medidas antiquísimos, lastimosos e inaplicables con algunas ideas lúcidas y un verdadero sentimiento de la inmensa importancia del momento.
Si hubiera habido una conciencia clara y una apreciación completa de la situación del país, ¿cómo habrían podido dejar a 30.000 hombres en Prusia y albergar después la idea de formar un teatro de guerra especial en Westfalia, y de obtener resultado alguno de una ofensiva insignificante como aquella a la que estaban destinados los cuerpos de Rüchel y de Weimar?; ¿y cómo se pudo hablar de peligro para los almacenes y de la pérdida de este o aquel trozo de territorio en los últimos momentos que quedaban para la deliberación?