cualquier lugar de esa frontera; pero no será una base en ningún momento si no se han hecho ya preparativos en todas partes.
Cuando el ejército ruso se retiró ante los franceses en 1812, al principio de la campaña toda Rusia podría haber sido considerada como su base, tanto más cuanto que la vasta extensión del país ofrecía al ejército una abundancia de espacio en cualquier dirección que pudiera elegir.
No se trata de una noción ilusoria, ya que se hizo realidad posteriormente, cuando otros ejércitos rusos procedentes de distintos frentes entraron en acción; pero aun así, en cada periodo de la campaña, la base del ejército ruso no fue tan extensa; se limitó principalmente al camino en el que estaba organizado todo el tren de transporte hacia y desde su ejército.
Esta limitación impidió al ejército ruso, por ejemplo, efectuar la ulterior retirada que se hizo necesaria tras los tres días de combates en Smolensko en otra dirección que no fuera la de Moscú, y obstaculizó así que girara de repente hacia Kaluga, como se propuso para alejar al enemigo de Moscú. Un cambio de dirección semejante solo habría sido posible si se hubiera preparado con mucha antelación.
Hemos dicho que la dependencia de la base aumenta en intensidad y extensión con el tamaño del ejército, lo cual es fácil de comprender. Un ejército es como un árbol.
Del suelo en el que crece extrae su alimento; si es pequeño, puede transplantarse fácilmente, pero esto se vuelve más difícil a medida que aumenta su tamaño. Un pequeño cuerpo de tropas tiene también sus canales, de los cuales extrae el sustento de la vida, pero echa raíces con facilidad allí donde se encuentra; no así un gran ejército.
Cuando, por tanto, hablamos de la influencia de la base sobre las operaciones de un ejército, las dimensiones de este deben servir siempre como la escala para medir la magnitud de dicha influencia.