por completo ya en el primero, y prestar también ayuda a lo largo de la revisión de los primeros seis libros. Mediante dicha revisión, los primeros seis libros se librarán de una buena cantidad de escoria, se cerrarán muchas grietas y abismos, y mucho de lo que es de naturaleza general se transformará en concepciones y formas distintas.
El séptimo libro —sobre el ataque—, cuyos diferentes capítulos ya tienen esbozos hechos, debe considerarse como un reflejo del sexto, y ha de terminarse de inmediato, de acuerdo con los puntos de vista más claros mencionados anteriormente, de modo que no requiera una nueva revisión, sino que más bien pueda servir de modelo en la revisión de los primeros seis libros.
Para el octavo libro —sobre el Plan de una Guerra, es decir, de la organización de una Guerra entera en general—, hay varios capítulos proyectados, pero no deben considerarse en absoluto como materiales reales; son meramente una huella, desbrozada a grandes rasgos, por decirlo así, a través de la masa, con el fin de determinar por ese medio los puntos de mayor importancia.
Han cumplido con este objetivo y me propongo, al terminar el séptimo libro, pasar de inmediato a la redacción del octavo, donde los dos puntos de vista antes mencionados se afirmarán principalmente, mediante los cuales todo se simplificará y al mismo tiempo se le infundirá un espíritu.
Espero en este libro planchar muchas arrugas en las cabezas de los estrategas y estadistas, y mostrar al menos el objetivo de la acción y el punto real que debe considerarse en la Guerra.
Ahora bien, habiendo expuesto claramente mis ideas al terminar este octavo libro, y habiendo establecido adecuadamente los rasgos principales de la Guerra, me será más fácil trasladar el espíritu de estas