Cuando estamos convencidos de estas dificultades en el uso de los ejemplos históricos y, al mismo tiempo, de la necesidad (de hacer uso de tales ejemplos), entonces llegaremos también a la conclusión de que la historia militar más reciente es, por naturaleza, el mejor campo del cual extraerlos, en la medida en que es la única suficientemente auténtica y detallada.
En la antigüedad, las circunstancias relacionadas con la guerra, así como el método de llevarla a cabo, eran diferentes; por consiguiente, sus acontecimientos nos son de menor utilidad, tanto teórica como prácticamente; a lo cual se añade que la historia militar, como cualquier otra, pierde naturalmente con el transcurso del tiempo una serie de pequeños rasgos y lineamientos que se podían ver originalmente, pierde en color y vida, como un cuadro desgastado u oscurecido; de modo que al final tal vez solo queden las grandes masas y los rasgos principales, los cuales adquieren así proporciones indebidas.
Si consideramos el estado actual de la guerra, debemos decir que las guerras posteriores a la de Sucesión austríaca son casi las únicas que, al menos en lo que respecta al armamento, todavía guardan una consideración similar con el presente y que, a pesar de los numerosos cambios importantes que han tenido lugar, tanto grandes como pequeños, aún son capaces de ofrecer mucha enseñanza.
Muy distinta es la situación con la guerra de Sucesión española, ya que el uso de las armas de fuego no había avanzado entonces tanto hacia la perfección y la caballería seguía siendo el arma más importante.
Cuanto más retrocedemos, menos útil se vuelve la historia militar, ya que se vuelve mucho más escasa y estéril en detalles. La más inútil de todas es la del mundo antiguo.
Pero esta inutilidad no es del todo absoluta; se refiere únicamente a aquellos asuntos que dependen del conocimiento de detalles minuciosos o a aquellas cosas en las que el método de hacer la guerra ha cambiado.