(*3.) Libro VII., capítulos IV y V. (Punto culminante de la victoria).
(*) Si Federico el Grande hubiera ganado la batalla de Kolín, y hecho prisioneros al principal ejército austriaco junto con sus dos mariscales de campo en Praga, habría sido un golpe tan tremendo que entonces podría haber abrigado la idea de marchar a Viena para hacer temblar a la Corte austriaca y conseguir una paz inmediata. Este resultado, sin paralelo en aquellos tiempos, que habría sido muy similar a lo que hemos visto en nuestros días, solo que aún más maravilloso y brillante por tratarse de una contienda entre un pequeño David y un gran Goliat, muy probablemente habría tenido lugar tras la victoria de esta única batalla; pero eso no contradice la afirmación sostenida anteriormente, pues solo se refiere a lo que el rey esperaba originariamente de su ofensiva. El cerco y la captura del ejército enemigo fue un acontecimiento que escapaba a todo cálculo y en el que el rey jamás había pensado, al menos no hasta que los austriacos se expusieron a ello debido a la posición poco hábil en la que se colocaron en Praga.
(*) Este capítulo fue escrito probablemente en 1828, época desde la cual las relaciones numéricas han cambiado considerablemente. A. d. H.