Es por esta razón que el mercurio en los tubos de nuestros termoscopios no suele separarse en gotas, aunque a veces lo haga, para gran incomodidad nuestra. Y es también por esta razón que el protoplasma en una célula tubular o cilíndrica larga y en crecimiento no se divide necesariamente en células separadas y entrenudos, hasta que la longitud de estos supera con creces los límites teóricos. Naturalmente, sin embargo y cuandoquiera que esto ocurra, debemos recordar, sin excluir jamás la acción de la tensión superficial, que puede haber otras fuerzas que afecten a esta última y que aceleren o retrasen esa manifestación de la tensión superficial mediante la cual la célula se redondea y se divide en la práctica.
En la mayoría de los líquidos, afirma Plateau, la influencia de la viscosidad es tal, por término medio, que hace que el cilindro se segmente cuando su longitud es de aproximadamente cuatro veces, o como mucho de cuatro a seis veces, la de su diámetro: en lugar de una fracción algo superior a tres veces como, en un fluido perfecto, exigiría la teoría. Si lo tomamos en cuatro veces, puede demostrarse entonces que las esferas resultantes tendrían un diámetro de aproximadamente 1ôñ8 veces, y su distancia de separación sería igual a unas 2ôñ2 veces el diámetro del cilindro original. No es difícil el cálculo que mostraría cómo se alteran estos números en el caso de un cilindro formado alrededor de un núcleo sólido, como ocurre en la tela de araña. Plateau también ha hecho la interesante observación de que el tiempo que toma el proceso de división del cilindro es directamente proporcional al diámetro del cilindro, al tiempo que varía considerablemente con la naturaleza del líquido. Esta cuestión, del tiempo empleado en la división de una célula o filamento, en relación con las dimensiones de este último, no ha sido investigada hasta donde sé por los biólogos.
Del simple hecho de que, de todas las superficies, la esfera es aquella cuya área superficial para un volumen dado es un mínimo absoluto, ya hemos visto que resulta evidente que es la única figura de equiôÙlibôÙrio que adoptará una gota o vesícula bajo la tensión superficial, cuando no existan otros factores perturbadores presentes.
Uno de los más importantes de estos factores perturbadores se introducirá, en forma de tensiones y presiones complejas, cuando una gota esté en contacto con otra y cuando se desarrolle entre ellas un sistema de películas intermedias o tabiques divisorios. {241}
Este tema lo discutiremos más adelante, en relación con los agregados celulares o tejidos, y hallaremos que se necesitan más conôÙsiôÙdeôÙraôÙciones teóricas como preámbulo a cualquiera de tales investigaciones.
Entre tanto, consideremos algunos casos de formas de células, ya sean solitarias o dispuestas en agregados tan simples que su forma individual apenas se vea perturbada por ello.
Comprendamos claramente que los casos que vamos a considerar son aquellos en los que la simetría perfecta de la esfera es reemplazada por otra simetría menos completa, como la de una célula elipsoidal o cilíndrica.
Los casos de deformación o desplazamiento asimétrico, tales como los ilustrados en la producción de una yema o el desarrollo de una rama lateral, son mucho más simples. Pues aquí solo necesitamos suponer una variación leve y localizada de la tensión superficial, tal como puede producirse de diversas maneras mediante la química heterogénea de la célula; a este punto volveremos en nuestro capítulo sobre la Adsorción.
Pero la asimetría difusa y gradual del sistema, que da lugar, por ejemplo, a la forma elipsoidal de una célula de levadura, es otro asunto.