En otras palabras, las conchas en espiral de curvatura suave, o de pequeño ángulo constante, como las del Dentalium o la Nodosaria, son verdaderas espirales logarítmicas, al igual que las del Nautilus o la Rotalia: de las cuales solo difieren en grado, en la magnitud de una constante angular. Pero esta disminuida magnitud del ángulo hace que la espiral se dilate con tanta rapidez inmensa que, por decirlo así, «nunca llega a dar la vuelta»; y así, en una concha como la del Dentalium, nunca vemos más que una pequeña porción de la vuelta inicial.
Podríamos acaso