Tracemos ahora en nuestras coordenadas cartesianas el contorno de un cráneo humano (Fig. 404), con el propósito de compararlo con los cráneos de algunos de los simios superiores. Sabemos de antemano que las principales diferencias entre los tipos humano y simio dependen del agrandamiento o la expansión del cerebro y la caja craneal en el hombre, y de la relativa disminución o debilitamiento de sus mandíbulas. Junto con estos cambios, el «ángulo facial» aumenta desde un ángulo oblicuo hasta casi un ángulo recto en el hombre, {771} y la configuración de cada hueso constituyente de la cara y del cráneo experimenta una alteración. No sabemos de entrada, ni se nos muestra
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CAPÍTULO XVII SOBRE LA TEORÍA DE LAS TRANSFORMACIONES, O LA COMPARACIÓN DE FORMAS AFINES
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