En los siguientes diagramas (Fig. 342, a, b) (que están tomados de los originales de Culmann), vemos de inmediato que la viga o ménsula cargada (a) tiene un «punto de peligro» cerca de su base fija, es decir, en el punto más alejado de su carga. Pero en la ménsula parabólica (b) no hay ningún punto de peligro, pues las dimensiones de la estructura aumentan pari passu con los momentos flectores: la tensión y la resistencia varían conjuntamente. De nuevo en la Fig. 340, tenemos un vano simple (A), con su diagrama de tensiones (B); y en la Fig. 341 tenemos la corôÙreôÙsponôÙdiente viga parabólica, cuyas tensiones son ahora uniformes en todas partes. De hecho, vemos que, mediante un proceso de conversión, el diagrama de tensiones en cada caso se convierte en el diagrama estructural en el otro22. Ahora bien, todo esto no es sino la interpretación moderna de una de las proposiciones más famosas de Galileo. En el Diálogo que ya hemos citado más de una vez23, Sagredo dice: «Sería una gran cosa poder descubrir la forma adecuada que hay que dar a un sólido para hacerlo igualmente resistente en cada punto, de modo que una carga colocada en el medio no produjera la fractura más fácilmente que si estuviera colocada en cualquier otro punto». Y Galileo (en la persona de Salviati) primero plantea el problema en su forma más general; y luego nos muestra cómo, al dar un perfil parabólico a nuestra viga, obtenemos su solución simple y exhaustiva.
En el caso de nuestro puente en ménsula, mostramos la viga primitiva {698} en la fig. 343, A, con su diagrama de momentos flectores (B); y es evidente que, si invertimos este diagrama, seguirá ilustrando, exactamente igual que antes, los momentos flectores de un punto a otro: pues por el momento no es más que un diagrama, o gráfico, de magnitudes relativas.
A cualquiera de estos dos diagramas de esfuerzos, directo o invertido, podemos ajustar el diseño de la construcción, como en las Figs. 343, C y 344.