Pero nuestro pequeño micrococo, de 0ôñ15 ôç de diámetro, tendría, si fuera esférico, un volumen de y, por tanto (tomando su densidad como igual a la del agua), un peso de
Pero de este peso total, el azufre representa únicamente
Y si dividimos esto por el peso de un átomo de azufre, tenemos
Según este cálculo, por lo tanto, nuestro pequeño Micrococcus progrediens debería contener sólo unos 10.000 átomos de azufre, un elemento indispensable para su constitución protoplasmática; y de ello se deduce que un organismo con una décima parte del diámetro de nuestro micrococo contendría sólo 10 átomos de azufre y, por tanto, ¡sólo diez «moléculas» o unidades químicas de protoplasma!
Puede ser objeto de duda si la presencia de azufre es realmente esencial para la constitución de la molécula proteica o 〜protoplasmática〠; pero Errera nos ofrece todavía otra ilustración de género similar, que está libre de esta objeción o duda. La molécula de albúmina, según se acepta generalmente, difícilmente puede ser menor de mil veces el tamaño de la de un elemento como el azufre: según una determinación concreta47, la albúmina sérica tiene una constitución corôÙreôÙsponôÙdiente a un peso molecular de 10.166, e incluso este puede quedar muy por debajo de la verdadera complejidad de una molécula albuminoide típica. El peso de semejante molécula es
Ahora las bacterias contienen alrededor de un 14% de albuminoides, constituyendo estos de mucho la mayor parte del residuo seco; y por tanto (a partir de la ecuación (5)), el peso de albúmina en nuestro micrococo es aproximadamente
Si dividimos este peso por el que hemos obtenido como el peso de una molécula de albúmina, tenemos, en otras palabras, que nuestro micrococo contiene aparentemente algo menos de 30.000 moléculas de albúmina. {42}
Según las estimaciones más recientes, el peso de la molécula de hidrógeno es algo menor que aquel en el que Errera basó sus cálculos, a saber, unos 16ã€₤û—ã€₤10ÿ£¢ãˆ’22 mg. y, según este valor, nuestro micrococo contendría poco más o menos 27.000 moléculas de albúmina. En otras palabras, cualquiera que sea la determinación que aceptemos, vemos que un organismo con una décima parte del tamaño de nuestro micrococo, en sus dimensiones lineales, solo contendría unas treinta moléculas de albúmina; o, en otras palabras, nuestro micrococo solo es unas treinta veces más grande, en sus dimensiones lineales, que una sola molécula de albúmina48.
Debemos sin duda conceder un amplio margen a la incertidumbre en las suposiciones y estimaciones sobre las que se basan estos cálculos; y debemos recordar también que los datos que el físico nos proporciona en cuanto a las magnitudes moleculares son, en gran medida, valores máximos, por encima de los cuales es poco probable que se encuentre la magnitud molecular (o más bien la esfera del radio de acción de la molécula); pero por debajo de los cuales existe un mayor elemento de incertidumbre en cuanto a su posible mayor pequeñez. No obstante, cuando hayamos hecho todas las concesiones razonables a la incertidumbre por parte de la física, seguirá siendo evidente que los cuerpos más pequeños conocidos que se describen como organismos se aproximan a las magnitudes moleculares, y debemos reconocer que la subdivisión del organismo no puede proseguir de manera indefinida, y con toda probabilidad no puede ir mucho más allá de lo que parece haber hecho en estas formas ya descubiertas. Pues aun prestando la debida atención a la complejidad