sean) es un fenómeno físico emparentado con aquel mediante el cual una ameba «ingiere» una partícula de alimento. Este último proceso ha sido reproducido o imitado de diversas formas experimentales {465} bellas. Por ejemplo, Rhumbler ha demostrado que, si se cubre un hilo de vidrio con laca y se acerca a una gota de cloroformo suspendida en agua, la gota absorbe la espícula, la despoja de su cubierta de laca y luego la vuelve a expulsar72. Todo es una cuestión de energías superficiales relativas, que conducen a diferentes grados de «adhesión» entre el cloroformo y el vidrio o su revestimiento. Así es como la ameba ingiere la diatomea, disuelve su cubierta proteica y expulsa la concha.
Además, como todo el fenómeno depende de una distribución de energía superficial, cuya cantidad es específica de ciertas sustancias particulares en contacto mutuo, no tenemos dificultad en comprender la acción selectiva, que muy a menudo es un rasgo destacado en el fenómeno73. Así como algunas larvas de frigánea hacen sus estuches con ramitas, otras con conchas y otras más con piedras, algunos rizópodos construyen su «caparazón» aglutinado con espículas de esponja extraviadas, o frústulas de diatomeas, o bien con diminutas partículas de barro o granos de arena más grandes. En todos estos casos, al parecer tenemos que habérnoslas con diferencias en las energías superficiales {466} específicas y, sin duda también, con diferencias en la cantidad total disponible de energía superficial en relación con la gravedad u otras fuerzas extrañas. En mis años de estudiante universitario, Wyville Thomson solía decirnos que ciertas «Difflugias» de aguas profundas, tras construir un caparazón con partículas de la arena volcánica negra común en partes del Atlántico Norte, lo remataban con «un cuello blanco y limpio» de pequeños granos de cuarzo. Incluso este fenómeno puede explicarse mediante principios de tensión superficial, si asumimos que las proporciones de energía superficial han tendido a cambiar, ya sea con el crecimiento del protoplasma o debido a una variación externa de la temperatura o algo similar; y no estamos obligados en absoluto a atribuir el fenómeno a una manifestación de volición, gusto o habilidad estética por parte del organismo microscópico. Tampoco, cuando ciertos radiolarios tienden más que otros a atraer hacia su propia sustancia diatomeas y cuerpos extraños similares, es científicamente correcto hablar, como lo hacen algunos libros de texto, de especies «en las cual la selección de diatomeas se ha convertido en un hábito regular». Hacerlo es un uso excesivo y erróneo de la fraseología antropomórfica.
La formación de una concha «aglutinada» se nos presenta así como un fenómeno puramente físico, y de hecho como un caso especial de un fenómeno físico más general que tiene muchas otras consecuencias importantes en la biología. Para que la concha adquiera el carácter sólido y permanente que toma, por ejemplo, en Difflugia, solo tenemos que hacer la suposición adicional de que el animal secreta algunas pequeñas cantidades de una sustancia cementante, y que esta sustancia fluye o se desliza por capilaridad entre todos los intersticios de los pequeños granos de cuarzo, terminando por unirlos a todos firmemente. Rhumbler74 nos ha demostrado cómo estas tecas aglutinadas, de espículas o de granos de arena, pueden imitarse con precisión, y cómo se forman con mayor o menor facilidad, y mayor o menor rapidez, según la naturaleza de los materiales empleados, es decir, según las tensiones superficiales específicas que intervienen. Por ejemplo, si mezclamos un poco de vidrio en polvo con cloroformo y ponemos una gota de la mezcla en agua, las partículas de vidrio se agrupan nítidamente alrededor de la superficie de la gota con tanta rapidez que el ojo no puede seguir la {467} operación. Si realizamos el mismo experimento con aceite y arena fina, vertidos en alcohol al 70 por ciento, se forma una concha de Rhizopo artificial aún más hermosa, pero se tarda unas tres horas en completarla.
Resulta curioso que, justamente en el mismo momento en que Rhumbler estaba demostrando de este modo la naturaleza puramente física de la concha de la Difflugia, Verworn estudiaba a los mismos organismos y a otros