cómo sopla el viento —o más bien cómo ha estado soplando—. Pues cada paja que queda oblicua a la trayectoria del viento tiende a ser cizallada hacia ella; pero tan pronto como llega a quedar en la dirección del viento, tiende a no ser perturbada más, salvo (por supuesto) por una violencia tal que la arrastre por completo.
En el aspecto biológico del caso, debemos recordar siempre que nuestro hueso no es solo una estructura viviente, sino sumamente plástica; las pequeñas trabéculas se forman y deforman constantemente, se demuelen y se vuelven a formar. Aquí, por una vez, es seguro afirmar que la «herencia» no necesita ni puede invocarse para explicar la configuración y disposición de las trabéculas: pues podemos verlas, en cualquier momento de la vida, haciéndose, bajo la acción y el control directos de las fuerzas a las que el sistema está expuesto. Si un hueso se rompe y se repara de tal manera que sus partes quedan algo desplazadas de su lugar anterior, de modo que las líneas de presión y tensión tienen ahora una nueva distribución, antes de que pasen muchas semanas se descubrirá que el sistema trabecular se ha remodelado por completo, para alinearse con el nuevo sistema de fuerzas. Y como señaló Wolff, este proceso de reconstrucción se extiende muy lejos del lugar de la lesión, por lo que no puede considerarse como un mero accidente del proceso fisiológico de curación y reparación; por ejemplo, puede suceder que, tras una fractura de la diáfisis de un hueso largo, el entramado trabecular se altere por completo y se reconstruya dentro de las epífisis distantes del hueso. Además, en los casos de trasplante óseo, por ejemplo cuando un metacarpiano enfermo es reparado mediante una porción tomada del extremo inferior del cúbito, con asombrosa rapidez se manifiestan las capacidades plásticas del tejido óseo de modo que ni en su forma externa ni en su estructura interna se puede distinguir la porción antigua de la nueva.
He aquí, por lo tanto, tal como alcanzamos a discernir, una gran parte al menos de la causación física de lo que a primera vista se nos impone como una adaptación puramente funcional: como un fenómeno, en otras palabras, {688} cuya causa física es tan oscura como su causa final o fin es, Aparentemente, manifiesto.
Parcialmente asociado con el mismo fenómeno, y parcialmente debe ser considerado (al menos por el momento) como un hecho aparte, se encuentra la importantísima verdad fisiológica de que una condición de tensión [strain], resultado de un esfuerzo [stress], es un estímulo directo para el crecimiento mismo. Este de hecho no es menos que uno de los hechos cardinales de la biología teórica. Las suelas de nuestras botas se desgastan, pero las de nuestros pies se vuelven más gruesas cuanto más caminamos sobre ellas: pues parecería que las células vivas son 〜estimuladas〠por la presión, o por lo que llamamos 〜ejercicio,〠para crecer y multiplicarse. El cirujano sabe, cuando venda un miembro roto, que su venda está haciendo algo más que meramente mantener las partes unidas: y que la presión uniforme y constante que aplica hábilmente es un estímulo directo para el crecimiento y un agente activo en el proceso de reparación. En los clásicos experimentos de Sûˋdillot17, la mayor parte de la diáfisis de la tibia fue extirpada en algunos cachorros, dejando que todo el peso del cuerpo recayera sobre el peroné. Este último hueso es normalmente de aproximadamente una quinta o sexta parte del diámetro de la tibia; pero bajo las nuevas condiciones, y bajo el 〜estímulo〠de la mayor carga, creció hasta ser tan grueso o incluso más grueso que el volumen normal del hueso más grande. Entre los tejidos vegetales este fenómeno es muy evidente, y de una manera un poco notable; pues una tensión causada por un peso constante o creciente (como el del tallo de una pera mientras esta crece y madura) produce un aumento muy marcado de la resistencia sin ningún incremento necesario de volumen, sino más bien mediante alguna alteración histológica, o molecular, de los tejidos. Hegler, y también Pfeffer, han investigado este tema cargando el brote joven de una planta casi hasta su punto de rotura, y redeterminando luego la resistencia a la rotura al cabo de unos días. Se descubrió que algunos brotes jóvenes