en lo que concierne a la gota, el equiôÙlibôÙrio depende de un equilibrio adecuado entre la energía, por unidad de área, que reside en sus propias dos superficies y la que le es externa; es decir, si llamamos Eÿ£¢bc a la energía en la superficie entre los dos fluidos, y así sucesivamente con los otros dos pares de energías superficiales, la condición de equiôÙlibôÙrio, o de mantenimiento de la gota, es que
Si, por el contrario, el fluido A resulta ser aceite y el fluido B, agua, entonces la energía por unidad de área de la superficie agua-aire es mayor que la de la superficie aceite-aire y la de la superficie aceite-agua juntas; es decir,
Aquí no hay equilibrio, y para obtenerlo la superficie agua-aire debe tender siempre a disminuir y las otras dos superficies interfaciales a aumentar; lo cual equivale a decir que el agua tiende a cubrirse por una película de aceite que se extiende, y la superficie agua-aire a ser abolida. {295}
La energía superficial de la que aquí hemos hablado se manifiesta en esa fuerza contráctil, o «tensión», de la que ya tanto hemos tenido que hablar1. En cualquier parte de la superficie libre del agua, por ejemplo, una partícula superficial atrae a otra partícula superficial, y la resultante de estas multitudinarias atracciones es un equiôÙlibrio de tensión en toda esta superficie en particular. En el caso de nuestros tres cuerpos en contacto mutuo, y dentro de un área pequeña muy cercana al punto de contacto, una partícula de agua (por ejemplo) será tirada hacia afuera por otra partícula de agua; pero en el lado opuesto, por decirlo así, no habrá superficie de agua, ni partícula de agua, que proporcione la atracción de contrapeso; este contratirón,
| Fig. 100. |
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| Fig. 101. |
lo cual es necesario para el equiôÙlibôÙrio, debe ser provisto por las tensiones existentes en las otras dos superficies de contacto. En breve, si pudiéramos imaginar una sola partícula situada en el mismo punto de contacto, sería atraída por tres fuerzas diferentes, cuyas direcciones estarían en los tres planos superficiales, y cuya magnitud sería proporcional a las tensiones específicas carôÙacôÙterôÙísôÙticas de los dos cuerpos