De un modo ligeramente diferente, pero muy emparentado, ocurre lo mismo con las flores dispuestas en espiral del girasol. Pues aquí también estamos considerando partes dispuestas en serie de una estructura compuesta, partes que, siendo similares entre sí en su forma, difieren en edad; y también difieren en magnitud en una proporción estricta según su edad.
De un modo u otro, en la espiral logarítmica siempre interviene el elemento temporal; y a este importante hecho, lleno de una curiosa significación tanto biológica como matemática, volveremos más adelante.
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Es, como tantas veces hemos visto, una parte esencial de nuestro problema general, tratar de comprender qué distribución de fuerzas es capaz de producir esta o aquella forma orgánica,〔dar, en suma, una expresión dinámica a nuestra morfología descriptiva. Ahora bien, la distribución general de fuerzas que conduce a la formación de una espiral (ya sea logarítmica u otra) se comprende con gran facilidad; y no necesita llevarnos más allá del uso de matemáticas muy elementales.
Si imaginamos que el crecimiento actúa en una dirección perpendicular, como por ejemplo la fuerza ascendente del crecimiento en un tallo en crecimiento ( OA ), entonces, a falta de otras fuerzas, el alargamiento procederá de manera natural en una dirección invariable, es decir, el tallo crecerá recto hacia arriba.