ex sola nascuntur diversitate gyrationum; y que en consecuencia se ve que tienen su origen en diferencias de velocidad, o de magnitud, y por tanto en ser, esencialmente, ni más ni menos que diferencias de grado.
En la naturaleza, encontramos que estas formas se presentan con muy poca relación con el carácter de la criatura por la que son producidas.
Las formas espirales de ciertos tipos particulares son comunes en los gasterópodos y en los cefalópodos, y en diversas familias de cada uno; mientras que, fuera de la clase de los moluscos por completo, entre los foraminíferos y entre los gusanos (como en Spirorbis, Spirographis, y en la concha similar a Dentalium de Ditrupa), volvemos a encontrar formas similares y correspondientes.
De nuevo, volvemos a hallar las mismas formas, o formas que (salvo por el ornamento externo) son matemáticaôÙmente idénticas, repitiéndose en todos los periodos de la historia geológica del mundo; y, con independencia del clima o de las condiciones locales, las vemos mezcladas, unas con otras, en las profundidades y en las orillas de todos los mares. Cuesta en verdad (a mi parecer) ver en dónde interviene necesariamente la Selección Natural, o admitir que esta haya tenido participación alguna en la producción de estas variadas conformaciones. A no ser que utilicemos en verdad el término Selección Natural en un sentido tan amplio como para privarlo de cualquier significado puramente biológico; y reconozcamos así como una especie de selección natural cualquier nexo de causas que sea suficiente para diferenciar entre lo probable y lo improbable, lo escaso y lo frecuente, lo fácil y lo difícil: y conduzca en consecuencia, bajo las peculiares condiciones, limitaciones y restricciones que denominamos «circunstancias ordinarias», a que un tipo de cristal, una forma de nube, un compuesto químico, sean de frecuente aparición y otro resulte raro.