disposición de un grupo o sistema de ocho células) con los mismos pocos tipos que reaparecen una y otra vez en toda clase de organismos, tanto plantas como animales, y sin relación con las líneas de clasificación biológica: y por qué, además, encontramos configuraciones similares que aparecen para marcar la simetría, no meramente de células, sino de las partes y órganos de animales enteros. Los fenómenos no son «funciones», o caracteres específicos, de este o aquel tejido u organismo, sino que implican principios generales que se encuentran dentro de la incumbencia del matemático.
La teoría de la partición del espacio, a la que la segmentación del huevo nos ofrece una introducción práctica y sencilla, se ilustra de maneras mucho más complejas en otros campos de la historia natural. Un caso hermosísimo pero inmensamente complicado lo proporciona la «venación» de las alas de los insectos. Aquí tenemos a veces (como en las libélulas), un retículo general de pequeñas «celdas» más o menos hexagonales: pero en la mayoría de los demás casos, en moscas, abejas, mariposas, etc., tenemos un número moderado de celdas, cuyas particiones inciden siempre unas sobre otras de tres en tres, y cuya disposición incluye, por tanto, necesariamente un número de pequeñas particiones intermedias, análogas a nuestros surcos polares. Pienso {386} que un estudio maôÙtemáôÙtiôÙco de estas, incluyendo una inôÙvesôÙtiôÙgaôÙción de la «deformación» del ala (es decir, de los cambios de forma y de los cambios en la forma de sus «celdas» que experimenta durante la vida del individuo, y de una especie a otra) sería de gran interés. En una gran cantidad de casos,