verdadero comienzo de sus espirales respectivas.
Volvamos al problema de cómo determinar, mediante medición directa, el ángulo espiral de cualquier concha en particular. El método empleado hasta ahora solo es aplicable a espirales completas, es decir, a aquellas en las que el ángulo de la espiral es grande y, además, resulta inaplicable a porciones o fragmentos rotos de una concha.
En el caso del fragmento roto, es evidente que la determinación del ángulo no es meramente de interés teórico, sino que puede ser de gran utilidad práctica para el conchólogo por ser la única manera mediante la cual puede restaurar el contorno de las partes faltantes. Tenemos una considerable variedad de métodos, que han sido resumidos por, y se deben en parte a, un muy minucioso estudioso de los cefalópodos, el difunto reverendo J. F. Blake21.
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Fig. 274. (1) El método siguiente es útil y sencillo cuando disponemos de una porción de una sola vuelta, de modo que muestre tanto su borde interno como su borde externo. Una vuelta rota de un amonites, una concha curvada como el Dentalium o un cuerno de forma similar a este último se encuadran en esta categoría. No tenemos más que trazar una tangente, GEH, a la vuelta externa en cualquier punto E; luego trazar a la vuelta interna una tangente paralela a GEH, que toque la curva en algún punto F. La línea recta que une los puntos de contacto, EF, debe pasar evidentemente por el polo: y, en consecuencia, el ángulo GEF es el ángulo requerido. En conchas que presentan estrías longitudinales u otros ornamentos, cualquiera de estos pares bastará para nuestro propósito, en lugar de los límites reales de la vuelta. Pero es obvio que este método tenderá a fallarnos cuando el ángulo öÝ sea muy pequeño y cuando, por consiguiente, los puntos E y F se encuentren muy alejados.