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Notas

CAPÍTULO I INTRODUCTORIO

1

Estas máximas de Kant y de Du Bois, y otras semejantes, han sido el texto de muchos discursos: véanse, por ejemplo, los Concepts de Stallo, p. 21, 1882; HûÑber, Biol. Centralbl. XIX, p. 284, 1890, etc. Véase también a Jellett, Rep. Brit. Ass. 1874, p. 1.

2

“Quum enim mundi universi fabrica sit perfectissima, atque a Creatore sapientissimo absoluta, nihil omnino in mundo contingit in quo non maximi minimive ratio quaepiam eluceat; quamobrem dubium prorsus est nullum quin omnes mundi effectus ex causis finalibus, ope methodi maximorum et minimorum, aeque feliciter determinari queant atque ex ipsis causis efficientibus.” Methodus inveniendi, etc. 1744 (cit. Mach, Science of Mechanics, 1902, p. 455).

3

Cf. Opp. (ed. Erdmann), p. 106, “Bien loin d’exclure les causes finales..., c’est de lû  qu’il faut tout dûˋduire en Physique.”

4

Véase la p. 162. “La force vitale dirige des phûˋnomû´nes qu’elle ne produit pas: les agents physiques produisent des phûˋnomû´nes qu’ils ne dirigent pas.”

5

Se concede ahora y entonces a regañadientes. Así Enriques, un naturalista culto y filosófico, escribiendo «della economia di sostanza nelle osse cave» (Arch. f. Entw. Mech. XX, 1906), dice «una certa impronta di teleologismo quû  e lû  û´ rimasta, mio malgrado, in questo scritto.»

6

Véase Cleland, On Terminal Forms of Life, J. Anat. and Phys. XVIII, 1884.

7

Conklin, Embryology of Crepidula, Journ. of Morphol. XIII, p. 203, 1897; Lillie, F. R., Adaptation in Cleavage, Woods Holl Biol. Lectures, pp. 43–67, 1899.

8

Me inclino a remontar la doctrina de la entelequia de Driesch a nada menos que a Melanchthon. Cuando Bacon (de Augm. IV, 3) afirma con desaprobación que el alma «ha sido considerada más bien como una función que como una sustancia», R. L. Ellis señala que se está refiriendo a la exposición de Melanchthon sobre la doctrina aristotélica. Pues Melanchthon, cuya visión de la filosofía peripatética ejerció durante mucho tiempo gran influencia en las universidades protestantes, afirmó que, según la verdadera opinión sobre el parecer de Aristóteles, el alma no es una sustancia, sino un Ã¥ö§üöçö£öÙüöçö¿öÝ o función. La definió como öÇüö§öÝö¥ö¿ü quaedam ciens actiones, una descripción casi idéntica a la de la «force vitale» de Claude Bernard.

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