por crestas, tubérculos o bandas de color. En Trophon, Scalaria y (entre innumerables otros) en los Ammonites, son las curvas generadoras sucesivas las que dejan más conspicuamente su impronta en la concha. Y en no pocos casos, como en Harpa, Dolium perdix, etc., ambas destacan por igual, cruzándose crestas y bandas de color en un hermoso sistema isogonal. {527}
En la fórmula matemática15 completa (como no me he aventurado a exponer) para cualquier concha turbinada dada, tendríamos, en consecuencia, que incluir factores para al menos los siguientes elementos: (1) para la forma específica de la sección del tubo, a la que hemos llamado la curva generatriz; (2) para la tasa específica de crecimiento de esta curva generatriz; (3) para su tasa específica de rotación angular alrededor del polo, perpendicular al eje; (4) en las conchas turbinadas (en oposición a las nautiloideas), para su tasa de cizalladura, o traslación helicoidal paralela al eje. Hay también otros factores de los que tendríamos que dar cuenta, y que ayudarían a hacer de nuestra expresión global una muy complicada. Encontraríamos, por ejemplo, (5) que en una gran cantidad de casos nuestra curva generatriz no era una curva plana, sino una curva sinuosa en tres dimensiones; y también tendríamos que dar cuenta (6) de la inclinación del plano de esta curva generatriz respecto al eje, un factor que tendrá una influencia muy importante en la forma y apariencia de la concha. Por ejemplo, en Haliotis es obvio que la curva generatriz yace en un plano muy oblicuo al eje de la concha. Por último, percibimos de inmediato que las proporciones que ocurren entre estos diversos factores, la proporción por ejemplo entre el factor de crecimiento y la tasa de revolución angular, nos darán infinitas posibilidades de permutación de forma. Por ejemplo (7) con una velocidad dada