Si tomamos cualquiera de estas figuras, por ejemplo, el triángulo isósceles que acabamos de describir, y le añadimos (o le restamos) sucesivamente una serie de gnomones, convirtiéndolo así en triángulos cada vez mayores (o menores) todos semejantes al primero, hallamos que los vértices (u otros puntos correspondientes) de todos estos triángulos tienen su lugar geométrico sobre una espiral logarítmica: un resultado que se sigue directamente de esa definición alternativa de la espiral logarítmica que he citado de Whitworth (p. 507).
Nuevamente, podemos construir una serie de triángulos rectángulos, cada uno de los cuales es un gnomon de la figura precedente; y aquí también, una espiral logarítmica es el lugar geométrico de los puntos corôÙreôÙsponôÙdientes en estos triángulos sucesivos. Y por último, cuando sea que llenemos el espacio con