La morfología de los Pterópodos no está en absoluto bien comprendida, y al hablar de ellos supondré que todavía hay razones para creer (a pesar de los argumentos de Boas y Pelseneer) que están directamente emparentados con los Cefalópodos, o que al menos se les pueden comparar directamente33.
Las conchas más sencillas entre los Pterópodos tienen la forma de un tubo, más o menos cilíndrico (Cuvierina), más a menudo cónico (Creseis, Clio); y esta concha tubular (como ya hemos tenido ocasión de señalar en la p. 258), tiende frecuentemente, cuando es muy pequeña y delicada, a adoptar el carácter de un unduloide. (En tal caso es más que probable que la diminuta concha, o aquella porción de ella que constituye el unduloide, no haya crecido por sucesivos {571} incrementos o «anillos de crecimiento», sino que se haya desarrollado como un todo.) A menudo, tal vez por lo general, se halla presente una «costilla» engrosada en el lado dorsal de la pequeña concha cónica. En unos pocos casos (Limacina, Peraclis) el tubo se enrolla en espiral, formando una espiral logarítmica normal o helicoespiral.