Crecimiento y acción catalítica.
En las reacciones químicas ordinarias tenemos que habérnoslas (1) con una velocidad específica propia de la reacción en cuestión, (2) con variaciones debidas a la temperatura y a otras condiciones físicas, (3) según la «Ley de Acción de Masas» de van’t Hoff, con variaciones debidas a las cantidades reales presentes de las sustancias reaccionantes, y (4) en ciertos casos, con variaciones debidas a la presencia de «agentes catalizadores». En las reacciones más simples, la ley de acción de masas implica una desaceleración constante y gradual del proceso, según una proporción logarítmica, a medida que la reacción avanza y disminuye la cantidad inicial de sustancia; un fenómeno que, sin embargo, no {131} tiene por qué ocurrir necesariamente en el organismo, parte de cuyas energías se dedica al suministro continuo de nuevas reservas.
La acción catalítica se produce cuando cierta sustancia, a menudo en cantidad muy minúscula, está presente y mediante su presencia provoca o acelera una acción, abriendo «un rodeo», sin que el propio agente catalítico resulte disminuido o consumido86. Aquí la curva de velocidad, aunque acelerada, no ve necesariamente alterada su forma, pues de manera gradual la ley de masas ejerce su efecto y la velocidad de la reacción disminuye paulatinamente. Pero en ciertos casos se da el fenómeno muy notable de que un cuerpo que actúa como catalizador se forma necesariamente como producto, o subproducto, de la reacción principal, y en un caso así la velocidad de reacción tenderá a acelerarse de forma constante. En lugar de ir extinguiéndose, la reacción continuará con una velocidad en constante aumento: siempre sujeta a la reserva de que las condiciones limitantes se hagan notar con el tiempo, como la falta de algún ingrediente necesario, o el desarrollo de alguna sustancia que antagonice o destruya finalmente la reacción original. Una acción de esta índole es la que hemos aprendido, gracias a Ostwald, a calificar como «autocatalysis». Ahora bien, sabemos que ciertos productos del metabolismo protoplásmico, como las enzimas, son catalizadores muy potentes, y tenemos derecho a hablar de una acción autocatalítica por parte del propio protoplasma. Esta actividad catalítica del protoplasma es un fenómeno muy importante. Como dice Blackman, en el discurso ya citado, los botánicos (o los zoólogos) «lo denominan crecimiento, lo atribuyen a una capacidad específica del protoplasma para la asimilación y lo dejan de lado como un fenómeno fundamental; pero se interesan mucho por la distribución del nuevo crecimiento en innumerables formas específicamente distintas». Mientras que el químico, por otra parte, lo reconoce como un fenómeno familiar y lo adscribe a la misma categoría que sus otros ejemplos conocidos de autocatalysis. {132}
Este muy importante, y quizás hasta fundamental, fenómeno del crecimiento parecería haber sido reconocido por primera vez por el profesor Chodat de Ginebra, según nos cuenta su alumno Monnier87. “On peut bien, ainsi que M. Chodat l’a proposé, considérer l’accroissement comme une réaction chimique complexe, dans laquelle le catalysateur est la cellule vivante, et les corps en présence sont l’eau, les sels, et l’acide carbonique.”
Muy poco después, Loeb88 hizo una sugerencia similar en relación con la síntesis de nucleína o protoplasma nuclear; pues señaló que, al igual que en una reacción química autocatalizada, la velocidad de la síntesis aumenta durante la etapa inicial de la división celular en proporción a la cantidad de materia nuclear ya sintetizada. En otras palabras, uno de los productos de la reacción, es decir, uno de los constituyentes del núcleo, acelera la producción de material nuclear a partir del citoplasmático.
El fenómeno de la autocatálisis no se limita en modo alguno a la química viviente o protoplasmática, pero al mismo tiempo está carôÙacôÙterisôÙtiôÙcally, and apparently constantly, associated therewith.