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nydus/On Growth and FormPublic
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CAPÍTULO XI LA ESPIRAL LOGARÍTMICA

# De las conchas bivalvas.

Hasta aquí nos hemos ocupado únicamente de las conchas univalvas, y son estas en las que todos los problemas matôÙeôÙmatôÙiôÙcos relacionados con la espiral, o helicoespiral, se ilustran mejor. Pero el caso de la concha bivalva, de los lamelibranquios o de los braquiópodos, no presenta ninguna diferencia esencial, salvo únicamente que aquí tenemos que habérnoslas con dos espirales conjugadas, cuyos dos ejes guardan una relación definida entre sí, y cierta libertad de movimiento de rotación el uno con respecto al otro.

La curva generatriz se observa particularmente bien en el bivalvo, donde simplemente constituye lo que llamamos «el contorno de la concha». Es en su mayor parte una curva plana, pero no siempre; pues hay formas, como Hippopus, Tridacna y muchos berberechos, o Rhynchonella y Spirifer entre los braquiópodos, en las cuales los márgenes de las dos valvas encajan entre sí, y otras, como Pholas, Mya, etc., en las que en parte no llegan a encontrarse. En casos como estos, las curvas generatrices son conjugadas, y guardan una relación similar, pero de signo opuesto, con un plano mediano de referencia. Estas curvas generatrices presentan una gran variedad de formas entre los bivalvos. En un buen número de casos la curva es apôÙroxôÙiôÙmaôÙdaôÙmenôÙte circular, como en Anomia, Cyclas, Artemis, Isocardia; es casi semicircular en Argiope. Es apôÙroxôÙiôÙmaôÙdaôÙmenôÙte elíptica en Orthis y en Anodon; puede calificarse de semielfíptica en Spirifer. Es un triángulo casi rectilíneo {562} en Lithocardium, y un triángulo curvilíneo en Mactra. Puede demostrarse que muchas formas aparentemente diversas pero más o menos relacionadas son deformaciones de un tipo común, mediante una simple aplicación de la teoría matemática de las «Transformaciones», que habremos de estudiar en un capítulo posterior. En una serie como la que proporcionan, por ejemplo, Gervillea, Perna, Avicula, Modiola, Mytilus, etc., un «cizallamiento simple» da cuenta de la mayoría, si no de todas, de las diferencias aparentes.

Sobre la superficie de la concha del bivalvo vemos por lo general con gran claridad las 〜líneas de crecimiento〠que representan los sucesivos márgenes de la concha, o en otras palabras, las sucesivas posiciones asumidas durante el crecimiento por la curva generatriz en desarrollo; y tenemos una buena ilustración, por consiguiente, de cómo es carôÙacôÙterôÙísôÙticôÙo de la curva generatriz que aumente constantemente, al tiempo que nunca altera su similitud geométrica.

Subyacentes a estas «líneas de crecimiento», tan carôÙacôÙterôÙísôÙtiôÙcas de una concha de molusco (y de no pocas otras formaciones orgánicas), hay, por tanto, una «ley de crecimiento» que podemos intentar investigar y que puede ilustrarse de diversas maneras. Los casos más sencillos son aquellos en los que podemos estudiar las líneas de crecimiento en una concha más o menos aplanada, como la valva de una ostra, un Pecten o una Tellina, o algún otro molusco bivalvo similar. Aquí, alrededor de un origen, el llamado «umbo» de la concha, tenemos una serie de curvas, a veces casi circulares, a veces elípticas, y a menudo asimétricas; y tales curvas obviamente no son «concéntricas», aunque a menudo tendemos a llamarlas así, sino que son siempre «coaxiales». Esta forma de disposición puede ilustrarse mediante varias analogías. Podríamos, por ejemplo, compararla con una serie de ondas, que irradian hacia fuera desde un punto, a través de un medio que ofrecía una resistencia que aumentaba, con el ángulo de divergencia, de acuerdo con alguna ley sencilla. Podemos encontrar otra ilustración, quizás más simple, de la siguiente manera:

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