necesita afectar la ley logarítmica de la concha en su conjunto; basta con añadir una pequeña constante a nuestra ecuación, que pasa a ser r =ã€₤ m ã€₤+ã€₤ a ÿ£¢ ö¡ ã€₤.
Parece haber, por otra parte, considerable confusión en los libros con respecto a la llamada «protoconcha». En muchos casos se trata de una estructura definida, de forma simple, que representa la concha embrionaria más o menos globular antes de empezar a alargarse para adoptar su forma cónica o espiral. Pero en muchos casos lo que se describe como «protoconcha» no es más que un espacio vacío en el medio de
la espiral arrollada, debida al hecho de que la concha espiral real tiene una magnitud definida para empezar, y que no podemos seguirla hasta su punto de fuga en el infinito. Por ejemplo, en la figura adjunta, el gran espacio a se denomina protoconcha, pero es la pequeña cámara bulbosa o hemisférica que hay en su interior, al extremo de la espira, la que es el verdadero comienzo de la concha tubular. La forma y magnitud del espacio a están determinadas por el «ángulo de retardo», o proporción de la tasa de crecimiento entre las curvas interior y exterior de la concha espiral. Son independientes de la forma y el tamaño del embrión, y dependen únicamente (como veremos mejor en un momento) de la dirección y la tasa relativa de crecimiento del contorno doble de la concha.