tiempo, el crecimiento en dirección transversal prosigue con una aceleración que se manifiesta en una curvatura de los lados, reemplazando los bordes rectos del cono original. En otras palabras, la sección transversal del cono, o lo que hemos venido llamando la curva generatriz, aumenta sus dimensiones más rápidamente que su distancia al polo.
En las figuras anteriores, por ejemplo en la de Cleodora cuspidata, las marcas de la concha, que representan los sucesivos bordes del labio en etapas anteriores de crecimiento, nos proporcionan de inmediato un «gráfico» de las velocidades variables de crecimiento medidas, radialmente, desde el ápice. Podemos revelar más claramente la naturaleza de estas variaciones de la siguiente manera, que equivale simplemente a convertir nuestras coordenadas radiales en rectangulares. Despreciando la curvatura (si la hay) de los lados y tratando la concha (por razones de simplicidad) como un cono recto, trazamos ángulos iguales desde el ápice O, a lo largo de los radios Oa, Ob, etc. Si luego representamos, como ordenadas verticales equidistantes, las magnitudes Oa, Ob ... OY, y de nuevo en Oaÿ£¢ã€ý, obtenemos un diagrama como el siguiente (Fig. 299); con {573} la ayuda del cual no solo vemos con mayor claridad la forma en que la tasa de crecimiento varía de un punto a otro, sino que también reconocemos mucho mejor que antes la naturaleza semejante de la ley que gobierna esta variación en las diferentes especies.