Pero estos casos de los que acabamos de ocuparnos nos conducen a otra consideración. En una membrana semipermeable, a través de la cual el agua entra y sale libremente, las condiciones de una superficie líquida se ven muy modificadas; y, en el caso ideal o límite, no hay en absoluto ni superficie ni tensión superficial. Y esto nos llevaría a reconsiderar un tanto nuestra postura y a inquirir si la verdadera tensión superficial de una película líquida es realmente responsable de todo lo que le hemos atribuido, o si ciertos fenómenos que hemos asignado a dicha causa no se deberán en parte a la contractilidad de membranas definidas y elásticas.
Pero investigar esta cuestión, en casos particulares, incumbe más bien al fisiólogo; y el morfólogo puede seguir su camino, prestando escasa atención a lo que sin duda es una dificultad. En la tensión superficial tenemos la producción de una película con las propiedades de una membrana elástica, y con la peculiaridad especial de que la contracción continúa con la misma energía por muy avanzado que esté ya el proceso; mientras que la membrana elástica ordinaria se contrae hasta cierto punto y no se contrae más. Pero dentro de amplios límites los fenómenos esenciales son los mismos en ambos casos. Nuestras ecuaciones fundamentales se aplican a ambos por igual. Y, por consiguiente, mientras nuestro propósito sea morfológico, mientras lo que busquemos explicar sea la regularidad y la definición de la forma, poco importa que nos ocurra, aquí o allá, confundir la tensión superficial con la elasticidad, las fuerzas contractiles manifestadas en una superficie líquida con aquellas que entran en juego en las complejas superficies internas de un sólido elástico.