del huevo, situando su polo más ligero en la parte superior. Así, debido a esta falta de fricción en el fluido externo, o clara, cualquier corte (o shear) producido dentro del huevo no se transmitirá fácilmente a la yema y, además, debido a la misma fluidez, la yema recuperará fácilmente su esfericidad normal después de que la cáscara del huevo se forme y se alivie la presión desigual.
Éstas son, pues, las reglas generales implicadas en la configuración de un huevo, y que esta misma ilustra; y nos llevan tan lejos como podemos avanzar con seguridad sin realizar determinaciones cuantitativas reales, en cada caso particular, de las fuerzas intervinientes.
En ciertos casos entre los invertebrados, volvemos a hallar ejemplos de huevos de cáscara dura que obviamente han sido moldeados por el oviducto, o el llamado «ootipo», en el cual han estado alojados; y no meramente de tal manera que muestren los efectos de la presión peristáltica sobre una envoltura elástica uniforme, sino de modo que se imprima en el huevo la forma más o menos irregular de la cavidad dentro de la cual ha estado contenido y comprimido durante un tiempo. De este modo, el Dr. Looss13 de El Cairo ha {661} explicado la curiosa forma del huevo en Bilharzia (Schistosoma) haematobium, un formidable gusano parásito al que se debe una enfermedad muy extendida en África y Arabia, y un azote especial para los peregrinos de La Meca. El huevo de este gusano está provisto en un extremo de una pequeña espina, que de vez en cuando se encuentra situada no en posición terminal, sino lateral o ventral, y que cuando está así situada ha sido considerada como la marca de una supuesta nueva especie, S. Mansoni. Como Looss ha demostrado ahora, la pequeña espina debe explicarse como moldeada dentro de una pequeña expansión en forma de embudo del útero, justo donde este se comunica con el conducto común que proviene del ovario y de la glándula vitelógena; mediante la acumulación de huevos en el ootipo, el último formado es desplazado hacia una posición lateral y entonces, donde la pared lateral del huevo se abomba en el orificio en forma de embudo del conducto, se forma una pequeña «espina» lateral. En otra especie, S. japonicum, se describe que el huevo se abomba formando una llamada «calota» o convexidad en forma de burbuja en el extremo opuesto a la espina. Esto, creo, puede atribuirse, con muy pocas dudas, a que el endurecimiento de la cáscara del huevo tuvo lugar justamente en el período en que el huevo experimentaba un alivio parcial de la presión en las inmediaciones del orificio dilatado del oviducto.
Este caso de bilarziosis no es, desde nuestro punto de vista actual, muy importante, pero sin embargo no deja de ser interesante. Atribuye a una causa mecánica una curiosa peculiaridad de forma; muestra, mediante la referencia a este principio mecánico, que dos condiciones que a los ojos del naturalista sistemático eran muy diferentes, eran en realidad solo dos simples modificaciones mecánicas de la misma cosa; y destruye la principal prueba de la existencia de una supuesta nueva especie de gusano, cuya persistencia en la creencia, entre gusanos de tan gran importancia patógena, podría conducir a deducciones patológicas gravemente erróneas.
# Sobre la forma de los erizos de mar
Como corolario del problema del huevo de ave, podemos considerar por un momento las formas que adoptan las conchas de los erizos de mar. Estos últimos se dividen comúnmente en dos clases, los equínidos regulares y los irregulares. Los erizos de mar regulares, salvo en {662} pequeños detalles que no afectan a nuestro problema, presentan una simetría radial completa. El eje del cuerpo del animal es vertical, con la boca abajo y la salida intestinal arriba; y alrededor de este eje la concha se estructura como un sistema simétrico. De ello se deduce que, en sección horizontal, la concha es circular en todas partes, y solo tendremos que