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nydus/On Growth and FormPublic
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Véase D’Orbigny, Alc., Tableau méthodique de la classe des Céphalopodes, Ann. des Sci. Nat. (1), VII, pp. 245–315, 1826; Dujardin, Félix, Observations nouvelles sur les prétendus Céphalopodes microscopiques, ibid. (2), III, pp. 108, 109, 312–315, 1835; Recherches sur les organismes inférieurs, ibid. IV, pp. 343–377, 1835, etc.

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Es evidente que el contorno real de la concha de un foraminífero, al igual que el de un molusco, puede apartarse considerablemente de una espiral logarítmica. Cuando decimos aquí, para abreviar, que la concha es una espiral logarítmica, simplemente queremos decir que está esencialmente relacionada con una: que puede inscribirse en dicha espiral, o que siempre se encontrará que los puntos correspondientes (como, por ejemplo, los centros de gravedad de las cámaras sucesivas, o las extremidades de los septos sucesivos) se hallan sobre una espiral semejante.

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von MûÑller, V., Die spiral-gewundenen Foraminifera des russischen Kohlenkalks, Mûˋm. de l’Acad. Imp. Sci., St Pûˋtersbourg (7), XXV, 1878.

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Tal como von MûÑller se cuida de explicar, la fórmula de Naumann para la «concoespiral ciclocéntrica» es apropiada para esta y otras Foraminíferas espirales, ya que tenemos en todos estos casos una cámara central o inicial, apôÙproxôÙiôÙmaôÙdaôÙmente esférica, alrededor de la cual se enrolla la espiral logarítmica (véase la Fig. 309). En las especies donde la cámara central es especialmente grande, la fórmula de Naumann resulta tanto más ventajosa. Pero es evidente que solo se requiere cuando tratamos con diámetros o con radios; mientras nos limitemos a comparar las anchuras de las vueltas sucesivas, ambas fórmulas vienen a ser lo mismo.

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