había estado tan ocupado con la enfermedad de ella que no había hecho ninguna pregunta sobre los vecinos. > «Quiero saberlo por un motivo totalmente inofensivo», dijo Genji. «Hay algo en este abanico que plantea una cuestión bastante importante. Es absolutamente necesario que lo resuelva. Me harías el favor de hacer averiguaciones con alguien que conozca el
Koremitsu fue de inmediato a la casa de al lado y mandó a llamar al mayordomo.
«Esta casa —dijo el hombre— pertenece a un determinado prefecto titular. Vive en el campo, pero mi señora aún sigue aquí; y como es joven y le agrada la compañía, sus hermanos, que están al servicio de la Corte, vienen a visitarla a menudo».
«Y eso es más o menos todo lo que uno puede esperar que sepa un criado», dijo Koremitsu cuando repitió esta información.
A Genji se le ocurrió de inmediato que uno de aquellos cortesanos había escrito el poema. Sí, en la caligrafía había sin duda un aire de seguridad en sí mismo. Era obra de alguien cuyo rango le daba derecho a tener una buena opinión de sí mismo. Pero tenía una disposición romántica; resultaba demasiado doloroso descartar por completo la idea de que, después de todo, los versos pudieran ir realmente dirigidos a él, y en un papel doblado escribió:
«Si pudiera tener una visión más cercana, ya no me desconcertarían las flores que con demasiada penumbra en el crepúsculo que cae vi».
Esto lo escribió con letra disimulada y se lo entregó a su criado.