enemigos tras su muerte es algo que parece suceder constantemente, pero incluso esto se interpreta como señal de que el difunto poseía un carácter atrozmente venenoso y maligno, quedando su reputación totalmente destruida. «¿Qué será entonces de mí si se cree que, estando aún viva, me he hecho culpable de un crimen tan espantoso?». Debía hacer frente a su destino. Había perdido a Genji para siempre. Si quería conservar un mínimo de control sobre sus propios pensamientos, lo primero que debía hacer era encontrar la manera de apartarlo por completo de su mente. Seguía recordándose a sí misma que no debía pensar en él, de modo que este mismo propósito terminaba llevándola a pensar en él todavía con más fuerza.
La Virgen de Ise debería por derecho haber asumido sus funciones antes de que terminara el año, pero surgieron dificultades de diversa índole y no pudo ser recibida por fin hasta el otoño del año siguiente. Había de entrar en el Palacio en los Campos132 en el noveno mes, pero esto se decidió tan tarde que los preparativos para su segunda Purificación tuvieron que hacerse a toda prisa. Resultaba muy inoportuno que, en esta coyuntura crítica, su madre, lejos de supervisar los preparativos, pasara hora tras hora tumbada, aturdida y desvalida sobre su lecho. Por fin llegaron los sacerdotes para ir a buscar a la muchacha. Consideraron muy grave el estado de la madre y le otorgaron el beneficio de su presencia ofreciendo numerosas oraciones y ensalmos. Pero semana tras semana ella seguía en el mismo estado, sin mostrar ningún síntoma que pareciera verdaderamente peligroso, aunque todo el tiempo (de un modo vago e indefinido) se la veía muy enferma. Genji mandaba recados constantemente para interesarse por su salud, pero ella veía claramente que su atención estaba ocupada en asuntos muy distintos. El parto de Aoi aún no se esperaba ni se había hecho ningún preparativo para él, cuando de repente aparecieron indicios de que era inminente.