«Voy a ver al príncipe Genji. ¿Dónde está tu respuesta a su carta?». «Dile —contestó ella— que aquí no hay nadie que lea cartas como esa». El muchacho se echó a reír. «Vaya, tonta, ¿cómo voy a decirle algo así? Él mismo me indicó que me asegurara de llevarle una respuesta». A ella le indignaba pensar que Genji se hubiera ganado así la confianza del muchacho y respondió enojada: «Él no tiene por qué hablarte de esas cosas a tu edad. Si de eso es de lo que hablan, más te vale no volver a ir con él». «Pero me ha mandado llamar —replicó el muchacho—», y salió hacia
—Estuve esperándote todo el día de ayer —dijo Genji cuando el muchacho regresó—. ¿Te olvidaste de traer la respuesta? ¿Olvidaste venir? El niño se sonrojó y no respondió. —¿Y ahora? —Dijo que en casa no hay nadie que