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nydus/The Tale of GenjiPublic
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Capítulo VII El Festival de las Hojas Rojas

—¿Estás en tu sano juicio? —dijo por fin Genji—. Esto es realmente una broma muy tonta. ¿Te importaría dejarme coger mi capa? A lo que Chūjō le arrebató la capa y se negó a devolvérsela. —Muy bien entonces —dijo Genji—, si tú vas a tener mi capa, yo debo tener la tuya —y diciendo esto, abrió el broche del cinturón de Chūjō y empezó a tirar de su capa para quitársela de los hombros. Chūjō opuso resistencia y siguió un largo forcejeo en el que la capa quedó hecha jirones. «Si ahora la consigues a cambio de la tuya, esta capa maltrecha solo revelará los secretos que pretende ocultar», recitó Tō no Chūjō; a lo que Genji respondió con un poema acróstico en el que se quejaba de que Chūjō, con quien compartía tantos secretos, hubiera creído necesario espiarle de aquella manera. Pero ninguno estaba realmente enfadado con el otro y, arreglando sus indumentarias desordenadas, ambos se marcharon. Cuando se quedó a solas, Genji descubrió que le había sentado muy mal comprobar que habían vigilado sus movimientos y no pudo dormir. La dama se sentía completamente desconcertada. En el suelo encontró un cinturón y una hebilla que envió a Genji al día siguiente con un complicado poema acróstico en el que comparaba estas pertenencias varadas con las algas que, tras sus tirones y forcejeos, las olas dejan en la orilla. Añadió una alusión al río cristalino de sus lágrimas. Él se sintió irritado por su persistencia, pero afligido por el impacto al que la había sometido la tonta broma de Chūjō, y respondió con el poema: «Ante las travesuras de la ola saltarina tienes motivos para enfadarte; pero sin duda es inocente la orilla sobre cuyas arenas azotó». El cinturón era de Chūjō; eso era evidente porque era más oscuro que su propia capa. Y al examinar su capa, notó que la parte inferior de una

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