princesa infeliz de algún cuento antiguo, y deseando hacerle sentir que había venido por causa de la madre y no de la criatura, respondí con un poema en el que llamé a la Flor-niña por su otro nombre, «Flor-de-lecho», y ella replicó con un poema que insinuaba oscuramente la cruel tempestad que había acompañado el nacimiento de esta
Habló con ligereza y no parecía estar verdaderamente enojada conmigo; y cuando cayeron algunas lágrimas, se esmeró mucho en ocultarlas, y parecía más afligida por la idea de que yo pudiera imaginarla infeliz que verdaderamente resentida por mi conducta hacia ella. Así que me fui con la conciencia tranquila y pasó un buen tiempo antes de que volviera.
Cuando por fin regresé, ella había desaparecido por completo, y si vive, debe de llevar una vida miserable y errabunda.
Si mientras aún la amaba me hubiera mostrado siquiera alguna señal externa de su resentimiento, no habría terminado así, convertida en una paria y una vagabunda; pues jamás me habría atrevido a descuidarla durante tanto tiempo y al final la habría reconocido y hecho mía para siempre.
La criatura también era un ser encantador, y he pasado mucho tiempo buscándolos, pero todavía sin éxito.
—Me temo que es una historia tan triste como la que Uma no Kami os ha contado. Yo, infiel, creí que no me echaban de menos; y ella, aún amada, no se encontraba en mejor situación que aquella cuyo amor no es correspondido.
Yo, a la verdad, me voy olvidando pronto de ella; pero ella, tal vez, no pueda sacarme de su cabeza y me temo que haya noches en que pensamientos que con gusto desterraría le ardan con fiereza en el pecho; pues ahora imagino que debe de estar viviendo una vida desamparada y sin protección.