HACIA el vigésimo día del segundo mes, el Emperador ofreció un banquete chino bajo el gran cerezo de la Corte del Sur. Tanto Fujitsubo como el Príncipe Heredero estarían presentes. Kōkiden, aunque sabía que la mera presencia de la Emperatriz bastaba para arruinarle el gusto, no pudo resignarse a perderse tan deleitable entretenimiento. Tras algunos indicios de lluvia, el día resultó magnífico; y a pleno sol, con los pájaros cantando en cada árbol, a los invitados (príncipes reales, nobles y poetas profesionales por igual) se les entregaron las rimas que el Emperador había sorteado, y se pusieron a componer sus poemas. Con voz clara y sonora, Genji leyó la palabra «Primavera» que le había tocado como sonido de rima para su poema. Le siguió Tō no Chūjō quien, sintiendo que todas las miradas estaban puestas en él y decidido a causar una impresión favorable en su audiencia, se desplazó con la mayor elegancia y gracia posibles; y al anunciar su nombre, rango y títulos tras recibir su rima, se esmeró mucho en hablar con agrado además de con claridad. Muchos de los otros caballeros estaban bastante nerviosos y lucían muy pálidos al aproximarse, pero salieron del paso con dignidad. Sin embargo, los poetas profesionales, sobre todo debido al alto nivel de competencia que el vivo interés del Emperador y del Príncipe Heredero por la poesía china había difundido en la Corte por aquel entonces, se sentían muy incómodos; al cruzar el largo espacio del jardín camino de recibir sus rimas, se sentían totalmente desamparados. Sin duda, un simple verso chino no es pedirle gran cosa a un poeta profesional; pero todos ostentaban una expresión de la más profunda melancolía.
Table of Contents
Capítulo VIII La fiesta de las flores
283