Era el primer día del décimo mes, y como en señal de que el invierno en verdad había comenzado, una fuerte lluvia cayó. Todo el día Genji observó el cielo tormentoso. El otoño lo había despojado horriblemente y el invierno ya le arrebataba a quien él amaba entrañablemente:
Ahora al menos debemos suponer que estaba convencido de que tales aventuras secretas solo conducían a la miseria.
En verdad que me guardaría mucho de relatar con todo detalle asuntos que él se tomó tanto trabajo en ocultar, si no supiera que, al advertir que he omitido algo, preguntaríais al punto por qué, precisamente por presumirse que era hijo de un emperador, tenía yo que dar una barnizada favorable a su conducta omitiendo todas sus indiscreciones; y pronto estaríais diciendo que esto no era historia, sino un mero cuento inventado con el fin de influir en el juicio de la posteridad.
Tal como están las cosas, se me tildará de difamador, pero a eso no puedo poner remedio.