Sus padres murieron cuando ella era muy pequeña. Su padre, Sammi Chūjō, la amaba con gran devoción, pero sentía siempre que no podía darle todas las ventajas a las que su gran belleza la hacía acreedora; y aún perplejo sobre su porvenir y sobre cómo cumplir mejor con su deber hacia ella, murió.
Poco después, algún contratiempo la llevó a la compañía de Tō no Chūjō58, quien por entonces aún era teniente, y durante tres años la hizo muy feliz. Pero en el otoño del año pasado empezaron a llegar cartas inquietantes desde el Gran Salón de la Derecha,59 y, siendo por naturaleza propensa a los arrebatos de miedo irracional, cayó ahora en un pánico salvaje y huyó a la parte occidental de la ciudad, donde se ocultó en la casa de su vieja nodriza.
Aquí se sentía muy incómoda, y había planeado mudarse a cierto pueblo en las colinas, cuando descubrió que sería de mala suerte, debido a la posición de los astros desde principios de año, emprender un viaje en esa dirección; y (aunque nunca me lo dijo) creo, señor, que le afligió mucho que usted la hubiera encontrado viviendo en un lugar tan desgraciado.
Pero nunca hubo nadie en el mundo como mi señora para guardarse las cosas para sí; jamás pudo soportar que los demás supieran lo que le pasaba por la cabeza. No tengo ninguna duda, señor, de que a veces se portaba de manera muy extraña con usted y de que usted mismo ha podido comprobar todo esto.
Sí, todo esto era tal y como Tō no Chūjō lo había descrito. > «Creo que se habló de cierta criatura a quien Chūjō lamentaba haber perdido de vista —dijo Genji, más interesado que nunca—; ¿estoy en lo cierto?». «Sí, en efecto —respondió ella—, nació en la primavera del año pasado, una niña, y era una criatura