En cuanto a la compañera de Utsusemi, aún no estaba casada, y Genji se enteró de que se había convertido en la amante de Kurōdo no Shōshō, el hermano de Tō no Chūjō; y aunque temía que Shōshō pudiera tomarse muy a mal el descubrimiento de que él no había sido el primero en llegar, y no deseaba en absoluto ofenderlo, sentía cierta curiosidad por la muchacha y envió al hermanito de Utsusemi con un recado para preguntarle si se había enterado de su enfermedad y del poema:
«De no haber arrancado antaño para mi almohada un puñado de la juncia que crece en los aleros,61 ni una sola gota de rocío con qué pretextar hallaría mi presente mensaje».
Era un acróstico con muchos significados ocultos. Ató la carta a una caña alta y le ordenó que la entregara en secreto; pero después se sintió muy inquieto ante la idea de que pudiera perderse.
«Si cae en manos de Shōshō —pensó—, adivinará de inmediato que fui yo quien se le adelantó».
Pero, al fin y al cabo, Shōshō probablemente no se lo tomaría tan a mal, pensó Genji con la suficiente vanidad.
El muchacho entregó el mensaje cuando Shōshō se encontraba a una distancia prudencial. No pudo evitar sentirse un poco herida; pero era algo que al menos la hubiera recordado, y justificándose a sí misma con la excusa de que no había tenido tiempo de hacer nada mejor, envió al muchacho de vuelta inmediatamente con el poema: > «El leve viento de vuestro favor, que sopló tan solo un instante, de congoja ha escarchado un tanto la pequeña juncia del