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nydus/The Tale of GenjiPublic
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CAPÍTULO IX

Genji a Palacio y, suspendiendo su audiencia, se dirigió inmediatamente a casa. El resto le siguió a toda prisa y, aunque era la Noche de Nombramientos136, renunciaron a toda idea de asistir a los actos, sabiendo que el trágico giro de los acontecimientos en el Gran Salón se consideraría una excusa suficiente. Era demasiado tarde para localizar al abad del monte Tendai o a cualquiera de los dignatarios que habían prestado su ayuda antes. Era espantoso que, justo cuando parecía haber experimentado una mejoría, volviera a estar tan de repente al borde de la muerte, y la gente del Gran Salón se sentía totalmente indefensa y desconcertada. Pronto la casa se llenó de lacayos que llegaban de todas partes con mensajes de condolencia y preguntas; pero de los habitantes de aquella casa abatida no podían obtener ninguna información, pues parecían no hacer otra cosa que correr de una habitación a otra en un estado de frenesí que daba

Recordando que ya en varias ocasiones su «posesión» la había reducido a un estado de trance, no intentaron durante algún tiempo arreglar el cuerpo ni siquiera tocar sus almohadas, sino que la dejaron tumbada tal como estaba. Pasados dos o tres días, sin embargo, se vio claramente que la vida se había extinguido.

En medio de las lamentaciones generales que siguieron, el espíritu de Genji se hundió en la apatía de la más absoluta desesperación. La tristeza se había sucedido a la tristeza con demasiada rapidez; la vida, tal como la concebía ahora, no era sino una sucesión de fútiles miserias. Los mensajes de pésame que llovían desde los círculos más elevados de la Corte y de la ciudad no hacían más que fatigarlo y exasperarlo.

La calidez de los mensajes del antiguo ex-Emperador y su evidente angustia personal por la muerte de Aoi resultaron ser en verdad muy halagüeñas y mezclaron un cierto sentimiento de gratitud con el llanto perpetuo de su padre.

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