Él la siguió gritando: «¡Querida, no huyas de mí! Ahora que tu abuela ya no está, debes quererme a mí en su lugar».
—¡Vaya! —jadeó Shōnagon, profundamente escandalizada—. ¡No, eso ya es demasiado! ¿Cómo puedes tener el valor de decirle una maldad semejante a la pobre criatura? Y tampoco sirve de mucho pedir a la gente que a uno lo quiera, ¿verdad?
—Por el momento, tal vez no —dijo Genji—. Pero ya verás cómo suceden cosas extrañas si uno pone su corazón en algo como lo he puesto yo ahora.
Caía granizo. Era una noche salvaje y terrible. La idea de dejarla pasarla en esta lúgubre y semidesierta mansión lo deprimía imensamente y, asiéndose a este pretexto para permanecer cerca de ella:
«¡Cierren la puerta divisoria! —gritó—. Me quedaré un rato y haré de centinela aquí en esta noche terrible. ¡Acérquense a mí, todos ustedes!»
y, dicho esto, como si fuera lo más natural del mundo, tomó a la niña en brazos y la llevó a su cama.
Las damas estaban demasiado asombradas y confusas como para moverse de sus asientos; mientras que Shōnagon, aunque sus arbitrarios procedimientos la alteraban y alarmaban en gran medida, tuvo que confesar para sus adentros que no había una razón real para intervenir, y solo pudo quedarse gimiendo en su rincón.
The little girl was at first terribly frightened. She did not know what he was going to do with her and shuddered violently. Even the feel of his