moda...» y un criado le tendió un segundo151 traje, que evidentemente era el que se esperaba que vistiera hoy. La tela interior tenía un diseño y una mezcla de colores de lo más inusual y no le gustó en absoluto; pero no podía permitir que ella sintiera que había trabajado en vano, y se puso el traje de inmediato. En verdad era una fortuna que hubiera ido a la Gran Sala aquel día, pues podía ver que ella contaba con ello. En su respuesta dijo: > «Aunque vine con la esperanza de que fuerais la primera amiga a quien saludaría en esta nueva primavera, ahora que estoy aquí me asaltan demasiados amargos recuerdos y creo más prudente que no nos encontremos». A esto añadió un poema acróstico en el que decía que con las ropas de luto que acababa de desechar, tantos años de amistad quedaban a un lado que, de ir a verla152, no podría sino llorar. A esto ella respondió con un poema acróstico en el que decía que en esta nueva estación en la que todo lo demás sobre la tierra adopta un tinte mudado, una sola cosa permanecía como en los meses pasados: su anhelo por el hijo que, como el año que pasa, se había esfumado de
Pero aunque el de ella haya sido el mayor dolor, no debemos pensar que no hubo en ese momento una emoción muy profunda por ambas partes.