That day Prince Hyōbukyō paid his long-promised visit to the late nun’s house. The place seemed to him even more ruinous, vast and antiquated than he remembered it years ago. How depressing it must be for a handful of persons to live in these decaying halls, and looking about him he said to the nurse:
‘No child ought to live in a place like this even for a little while. I must take her away at once; there is plenty of room in my house. You’ (turning to Shōnagon) ‘shall be found a place as a Lady-in-Waiting there. The child will be very well off, for there are several other young people for her to play with.’
Llamó a la pequeña y, al advertir el exquisito perfume que impregnaba su vestido desde que Genji la había tomado en brazos, el Príncipe dijo: «Qué bien huele tu vestido. ¿Pero no es un poco apagado?». No bien hubo dicho esto, recordó que estaba de luto y se sintió un poco incómodo.
«A veces solía decirle a su abuela —continuó— que debería dejarla venir a verme y acostumbrarse a nuestras costumbres; pues en verdad era una extraña crianza para ella vivir año tras año sola con alguien cuya salud y ánimos decaían constantemente. Pero ella, por alguna razón, se mostraba muy esquiva conmigo, y en otro sector73 también había una reticencia que, me temo, aun en un momento como este tal vez no se supere por completo...».
—Si es así —dijo Shōnagon—, por aburrido que le resulte estar aquí, no creo que deba ser trasladada hasta que esté un poco más en condiciones de valerse por sí misma.