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nydus/The Tale of GenjiPublic
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Capítulo VI La flor de azafrán

biombo. Entre numerosas exclamaciones de sorpresa, la anciana trajo una vela y lo dejó entrar. Desafortunadamente, Jijū había sido elegida junto con otras jóvenes para servir a la Virgen Vestal y no se encontraba en casa. Su ausencia hizo que la casa pareciera más rústica y anticuada que nunca, y su rareza le llamó la

La melancólica nieve caía ahora cada vez con más fuerza. Nubarrones oscuros colgaban del cielo, el viento soplaba furioso y salvaje. El gran farol se había apagado y parecía no importarle a nadie encenderlo. Él recordó aquella noche terrible en la que Yūgao había sido embrujada. La casa, en verdad, estaba casi igual de ruinosa. Pero no era tan grande y estaba (para alivio de Genji) habitada al menos en pequeña medida. Aun así, era un lugar deprimente para pasar la noche con un tiempo como aquel. No obstante, la tormenta de nieve poseía una belleza y una fascinación propias, y resultaba fastidioso que la dama a la que había ido a visitar fuera demasiado rígida e incómoda como para unirse a él en la apreciación de su fiereza. El alba empezaba a clarear y, levantando uno de los postigos con su propia mano, contempló los arriates cubiertos de nieve. Más allá se extendían grandes campos de nieve no hollada por pie alguno. El espectáculo era muy extraño y hermoso, y, movido por el pensamiento de que pronto tendría que dejarlo atrás: > «Ven a ver qué hermoso está el exterior», exclamó a la princesa que se encontraba en una habitación interior. «Es una grosería que siempre me trates como si fuera un desconocido». Aunque aún estaba oscuro, el resplandor de la nieve permitió a las ancianas damas de compañía, que ya habían regresado a la estancia, apreciar la lozanía y belleza del rostro de Genji. Contemplándolo con indisimulado asombro y deleite, exclamaron a su señora: > «Sí, señora, en verdad debe venir. No se está comportando como debiera. Una señorita debe ser toda

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