A medida que la noche avanzaba, a veces empezaban a dar cabezadas. De repente, Genji vio de pie ante él la figura de una mujer, alta y majestuosa: > «Tú, que te crees tan refinado, ¿cómo es que has traído para divertirte aquí a esta criatura vil y vulgar, recogida al azar en las calles? Estoy asombrada y disgustada», y con esto hizo ademán de arrancar a la dama de su lado. Creyendo que aquello era alguna pesadilla o alucinación, se desentumeció y se incorporó. La lámpara se había apagado. Algo agitado, desenvainó su espada y la puso junto a él, llamando al mismo tiempo a Ukon. Ella acudió de inmediato, con cara de estar bastante asustada también. «Por favor, despierta al vigilante del ala transversal —le dijo—, y dile que traiga una vela». «¿Todo a oscuras así?
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Capítulo IV Yūgao
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