habían seguido, aun en medio de su dolor. Las obras que Genji había copiado eran todas obras maestras del pasado, algunas chinas, otras japonesas; unas escritas en cursiva, otras en letra formal; constituían en verdad una muestra asombrosa de versatilidad caligráfica. El Ministro contempló con una devoción casi religiosa estas muestras de la destreza de Genji, y la idea de que en adelante debía considerar al joven al que tanto adoraba como a alguien ajeno a su hogar y a su familia debió resultarle muy dolorosa en ese momento.
Entre estos manuscritos había una copia del «Eterno pesar» de Po Chü-i144 y junto a las palabras «La vieja almohada, el viejo edredón, ¿con quién los compartirá ahora?», Genji había escrito el poema: «Lúgubre su fantasma que, viajando ahora hacia reinos desconocidos, debe huir del lecho donde solíamos descansar». Mientras que junto a las palabras «Los pétalos blancos de la escarcha», había escrito: «El polvo cubrirá este lecho; pues ya no soporto sacudir de él el rocío nocturno de mis lágrimas».