antes, pasaba todo su tiempo libre en su compañía. Durante este tiempo tuvieron lugar varios festivales en la Corte y la presencia de Genji era requerida constantemente; a veces se le llamaba para tocar el koto o la flauta, a veces para servir a su padre de otras maneras. En tales ocasiones, por mucho que se esforzara en no mostrar rastro de desconcierto o agitación, temió más de una vez haberse delatado; mientras que para ella tales encuentros constituían un prolongado tormento.
La salud de la monja había mejorado un tanto y ahora vivía en la Capital. Él había averiguado dónde se hospedaba y le mandaba recados de vez en cuando, y recibía (que era en verdad todo cuanto esperaba) tan poco aliento como antes.
En los últimos meses, su añoranza por la criatura había aumentado en vez de disminuir, pero los días pasaban uno tras otro sin que hallara manera alguna de cambiar la situación. Al acercarse el fin del otoño, cayó en un estado de gran abatimiento.