Salón. El viejo Ministro no hizo referencia al año nuevo, sino que enseguida comenzó a hablar del pasado. En medio de su soledad y su tristeza, se sintió tan profundamente conmovido incluso por esta visita apresurada y largamente aplazada que, aunque se esforzó mucho por mantener la compostura, le fue imposible lograrlo. Mirando con afecto a su yerno, pensó que el transcurso de cada nuevo año no hacía sino añadir una nueva belleza a aquel hermoso rostro. Entraron juntos a las habitaciones interiores, donde su llegada sorprendió y deleitó sin medida a las desconsoladas damas que se habian quedado atrás. A continuación visitaron al pequeño príncipe, que se estaba convirtiendo en un niño apuesto; su rostro alegre era verdaderamente un placer de ver. Su parecido con el Príncipe Heredero era sin duda muy llamativo y Genji se preguntó si alguien lo habría
Las cosas de Aoi seguían tal como las había dejado. Sus ropas de Año Nuevo, como en años anteriores, habían sido colgadas para él en el perchero. El perchero de Aoi, que permanecía vacío a su lado, exhalaba un aire extrañamente desolado. En ese momento le trajeron una carta de la Princesa, su madre: > «Hoy —decía—, nuestra pena ha estado más presente que nunca en mi mente, y aunque me conmueve la noticia de vuestra visita, me temo que veros no haría sino despertar infelices recuerdos». «Recordáis —continuaba— que era mi costumbre obsequiaros con un traje cada Día de Año Nuevo. Mas en estos últimos meses mi vista se ha enturbiado tanto de lágrimas que me temo que consideraréis que he combinado muy mal los colores. Novecientos151 ruego que, aunque sea solo por el día de hoy, toleréis ser afeado por este atuendo pasado de