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nydus/The Tale of GenjiPublic
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Capítulo IV Yūgao

Era una tarde de una quietud maravillosa. Genji se quedó mirando el cielo.

La dama encontró que la habitación interior donde estaba sentada resultaba deprimente, oscura y sombría. Él levantó las persianas de la estancia delantera y fue a sentarse con ella. Contemplaron la luz del atardecer brillando en los ojos del otro y, ante el asombro que le causaban su adorable belleza y su ternura, ella olvidó todos sus temores.

Al fin dejó de mostrar timidez ante él, y a él le pareció que aquella audacia y alegría recién encontradas le sentaban muy bien. Ella se recostó a su lado hasta la noche. Él vio que ella volvía a tener la expresión melancólica de una niña asustada; así que, cerrando rápidamente la puerta divisoria, trajo la gran lámpara y dijo:

«Exteriormente ya no eres tímida conmigo; pero puedo ver que en lo más hondo de tu corazón aún queda algún sedimento de rencor y desconfianza. No es amable que me trates así»,

y de nuevo se mostró enfadado con ella.

¿Qué estaría pensando la gente en el Palacio? ¿Lo habrían mandado a llamar? ¿Hasta dónde llegarían los mensajeros en su búsqueda? Se puso bastante agitado.

Luego estaba la gran dama del Sexto Distrito.53 ¡Qué furia debía tener! Esta vez, sin embargo, de verdad tenía buenos motivos para estar celosa.

Estas y otras desagradables consideraciones se amontonaban en su cabeza, cuando, al mirar a la muchacha que yacía junto a él con tanta confianza, ajena a todo lo que pasaba por su mente, se sintió de repente invadido por una ternura abrumadora hacia ella. ¡Qué cansina era la otra, con sus eternas susceptibilidades, celos y sospechas! Al menos por un tiempo dejaría de verla.

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