que te lleves estos pasteles y me traigas más mañana por la tarde; solo que ni mucho menos tantos como estos, y todos de la misma clase.146 Esta no es la noche adecuada para ellos». Sonrió al pronunciar estas palabras y Koremitsu, con la agudeza mental que lo caracterizaba, adivinó al instante lo que había sucedido. Sin embargo, no creyó prudente felicitar a su amo con tantas palabras, y se limitó a decir: > «Es muy cierto que, si uno quiere tener un buen comienzo, debe comerse los pasteles en el día propicio. El día de la Rata viene sin duda muy al caso.147 Dígame, por favor, ¿cuántos debo traer?». Cuando Genji respondió: «Divide por tres148 y obtendrás la respuesta», a Koremitsu ya no le quedó ninguna duda y se retiró apresuradamente, dejando a Genji divertido por el aire avezado con el que invariablemente manejaba asuntos de esta índole. No le dijo nada a nadie, sino que, volviendo a su casa particular, preparó los pasteles allí con sus
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CAPÍTULO IX
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