—¿Dónde está el joven amo? —oyó Genji que decía un criado—. Voy a cerrar esta puerta corredera —y se oyó el ruido de los cerrojos al correrse. —Se han ido todos a la cama —dijo Genji—, ahora es el momento de pensar en un plan. El muchacho sabía que no serviría de nada discutir con su hermana ni intentar de antemano doblegar de algún modo su obstinada resolución. Lo mejor que se podía hacer dadas las circunstancias era esperar a que no hubiera nadie por los alrededores y entonces guiar a Genji directamente hasta ella. —¿Sigue aquí la hermana de Ki no Kami? —preguntó Genji—, me gustaría echarle al menos un vistazo. —Pero eso es imposible —dijo el muchacho—. Está en la habitación de mi hermana. —Vaya —dijo Genji, fingiendo sorpresa. Pues, aunque sabía muy bien dónde estaba, no deseaba mostrar que ya la había visto. Volviéndose muy impaciente ante tantas demoras, señaló que se estaba haciendo muy tarde y no había tiempo que perder.
El muchacho asintió y, llamando a la puerta principal de los aposentos de las mujeres, entró. Todos dormían profundamente.
«Voy a dormir en la antesala —dijo el muchacho en voz alta—; dejaré la puerta abierta para que corra aire»; y dicho esto, extendió su colchón en el suelo y por un momento fingió estar dormido.
Pronto, sin embargo, se levantó y desplegó un biombo como para protegerse de la luz, y bajo su sombra Genji se deslizó sigilosamente en la habitación.